Skip to main content

Due to a planned power outage, our services will be reduced on Tuesday, June 15th, starting at 8:30am PDT until the work is complete. We apologize for the inconvenience.

Full text of "Versos Carlos Roxlo"

See other formats


CARLOS ROXLO 


* 7 ** 

VERSOS 


I. Fuegos Fatuos — II. En los bosques 

♦ 

III. Cosas del pago 



BUENOS AIRES 


imprenta de Obras, de J. A. Bf.rra, Bolívar 455 

1893 



I. 

FUEGOS FATUOS 




Aspiración 


{A Domingo G. Silva.) 


I. 


\ A vanidad de la tragedia humana 
Ir Voy comprendiendo al fin: todo me hastía; 
J ^ El fúlgido explendor de la mañana 

Y las tinieblas de la noche fría. 

En el tedio mortal que me consume, 
Contempla indiferente mi deseo, 

De la virtud las flores sin perfume 

Y la lúbrica flor del gineceo. 

Huyó fugaz el tiempo en que embriagado 
Por los ardores de la edad risueña, 

Corría como el río desbordado, , 

Saltando volador de risco en breña. 

Hoy este sér, que late y que razona. 

Por impulso galvánico camina, 

Y á todos sus caprichos se abandona, 

Pero ningún capricho le domina. 



CARLOS ROXLO 


() 


Mezcla de indiferencia y de egoísmo, 

Diógenes especial de bruma y lodo, 

Siendo el rey absoluto de sí mismo, 

% 

Diera su cetro por amarlo todo . . 

Hamlet filosofando ante el desnudo 
Cráneo de Yórick, encontró el sincero 
Grito doliente de sarcasmo rudo 
Con que mi propia ruina considero. 

Soy yo mismo el que entrando en los jigantes 
Torneos borrascosos de la idea, 

Sobre el rocín del héroe de Cervantes 
Cabalgaba pensando en Dulcinea. 

Yo el que pulía el verso apasionado, 
Febriciente y sin calma, como pule, 

El roce del abismo inexplorado, 

La copa„„de ^ubí del rey de Thule . 

Hoy al volver los ojos á la historia 
De mis años de ardiente desvarío, 

Me encuentro triste, sin virtud, sin gloria. 

Con las pobrezas del cantor de Chío . 

Oh corazón que hallaste á la subida, 

Pura la esencia de las verdes flores, 

Respirables los vientos de la vida, 

Dignos de amor sus pérfidos amores; 

Oh corazón de pronto envejecido, 



VERSOS 


En medio de las llamas del verand, 
¡Bien pudo hallarme tu postrer latido 
Con la copa del brindis en la mano! 


II. 


Pero hay en mí un amor que no se agota, 
Brillante disco de marmórea piedra 
Que en vano artero mi destino azota; * 
Amor siempre vivaz, como la hiedra 
Que sobre el muro derrumbado brota. 

Lirio gentil de pétalos de raso, 

Mi sed apaga con sus ricas mieles 
Y es su perfume el norte de mi pasp: 

El amor que me inspiran los laureles 
Nacidos en la cumbre del Parnaso. 

Ven, musa, ven! la cándida alborada 
Ya esparce sus cambiantes de oro y rosa 
Al balcón, de los cielos asomada, 

Como de besos y rubor bañada 
Al tálamo nupcial llega la esposa. 





8 


CARLOS ROXLO 


Ven, y* la luz del renaciente día 
Condensa de tu canto en los fecundos 
Raudales de estro y órfica armonía. 
Imitando á Pitágoras, que oía 
La -música del coro de los mundos. 

Oh embriagador ensueño refulgente! 

Con la vida vivir de las edades, 

Asombro ser de la futura gente 

Y brillar como un sol , en cuyo oriente 
No se apagan jamás las claridades! 

*Con qué afan te seguí desde la infancia, 
Tentadora visión! Con qué arrogancia 
Ya entonces á mi frente, tersa y limpia, 
Juré ceñir, lidiando con constancia, 

Una corona del laurel de Olimpia 1 

Cómo del arte, esclavo y pregonero, 
Pidiendo siempre á su grandeza auxilio, 
Me esforzaba en marchar por el sendero 
Que aún cruzan los olímpicos de Homero 

Y las abejas de oro de Virgilio! 

Con qué humildad mí espíritu ofrecía 
Del estro inaccesible* al yugo blando 

Y tras la gloria, sin cesar, corría, 



VERSOS 


9 


Como á la ingrata Angélica seguía 
El loco amor del caballero Orlando! 

Y aún vá tras de la gloria mi deseo; 
Aún con las iras de mi suerte en guerra^ 
Pienso arrancarles inmortal trofeo, 
Alumbrando, rival de Prometeo, 

Con elíseos relámpagos la tierra! 

Si el generoso grito de la fama, 

Aún en mitad de la terrestre escena, 

A los que lidian por el arte aclama, 
Como los huecos de las simas llena 
La asordadora voz del Tequendama, 

Rigiendo de la rima los corceles 
Y de mi numen orientando el paso, 
Terco adalid de mis amores fieles , 

Yo de arrancar un gajo á los laureles- 
Nacidos en la cumbre del Parnaso. 

Y si la musa, de mi sino esclava, 

De la fuente inmortal, porque suspira, 
Nunca en las ondas sus cabellos lava, 
Como el viejo titán sobre su clava, 

Me tenderé á morir sobre -mi lira! 



c!f . A CRE.ACJÓH 


L ángel de la noche tenebrosa 
V Labrando por doquier sus negros velos!. 
¡El silente quietismo de la fosa 
Imperando en el campo de los cielos!... 

¡ El vacío sin fondo y sin orillas ! . . . 

La soledad inerte de la nada 
Oprimiendo, brutal, con sus rodillas 
La infinita extensión inanimada!... 

¡El silencio, profundo é invariable, 
Huyendo sorprendido del mutismo ! . . . 

I Lo invisible besando á lo insondable ! . . 

¡ El antro cabalgando en el abismo ! . . . 

¡El no ser, del no ser único dueño!... 

¡ La negación á la abstracción unida ! . . . 

¡Lá muerte desposada con el sueño!... 

¡La sombra por la sombra perseguida!... 



VERSOS 


11 


II. 


De pronto, ténue y blanquecino rayo 
La eterna noche iluminó; la nada 
Pareció despertar de su desmayo; 

La soledad sonrióse embelesada. 

Con júbilo el silencio pavoroso 
Cedió veloz su puesto á los rumores, 

De aquel trémulo rayo misterioso 
Invisibles y alados moradores . 

Lo incoloro fué azul; el antro, cielo 
Y palpitó la inmensidad, con brío, 

Al ver alzarse el majestuoso vuelo 
Del alma de la vida en el vacío. 

Comenzó la creación alborozada 
Vistiendo el traje de sus galas todas, 

De záfiros y azahares coronada, 

Como una joven virgen desposada 
En la alegre mañana de sus bodas. 

Y los astros sus luces encendieron, 
Las campiñas de flores se alfombraron. 
Las fieras en sus grutas se escondieron, 
Las perlas en sus conchas despertaron. 



12 


CARLOS ROXLO 


Y centelleó la aguda -estalactita , * 

Y en las ondas del aire conducidos, 
Subieron á la bóveda infinita 
Llamas, gérmenes, vahos y sonidos. 

¡Oh santo despertar, dulce alborada 
De la embriaguez ignota del deseo! 

Del sol y de la tierra inmaculada 
Inefable y expléndido himeneo! 

¡ Oh santo despertar , celeste aurofa 
Del virginal Edén , recién creado ! 
Catarata de luz deslumbradora! 
Incendio del abismo ilimitado! 

¡Oh sin igual mañana, excelso día! 
¡Oh claridad sin fin, destello inmenso! 
Alma , fuerza , ilusión , beso , armonía , 
Polvillo de iris y volcán de incienso! 


m. 


Cuando las tenues ondas de! ambiente 
Los rayos de aquel día iluminaron , 

Eva y Adán, en el Edén naciente , 

Del sueño de la nada despertaron . 



VERSOS 


13 


De Eva la tierna y cándida hermosura 
Tanto donaire juvenil encierra, 

Que sienten los querubes de la altura 
No ser hijos del sol y de* la tierra. 

Tiene aquella mujer los labios rojos 
Como guinda en sazón, la tez nevada, 

Y hay en sus dulces y rasgados ojos, 

Luz de luna y cambiantes de alborada. 

Al contemplar sus gracias de hechicera, 

— ¡Te amo! — la dice Adán y temblorosa 
Baja su frente la mujer primera, 

Como se inclina el cáliz de la rosa 
Al suspiro del aura pasajera. 

Luego volviendo al hombre su mirada, 
Como tórtola dócil al reclamo, 

Responde palpitante, emocionada, 

Con divino rubor: — ¡Yo también te amo!..* 
- ¡Májica unión, sublimes esponsales, 
Connubio sin igual, hostia bendita, 

Por tí corren al mar les manantiales, 

Por tí hacia el bien la humanidad gravita! 

¡Gracias á tus efluvios bienhechores, 

Todo la fiebre del amor lo enerva , 

Desde el astro, fecundo en resplandores, 
Hasta el reptil, dormido entre la yerba, 

Y hasta el perfume, verbo de las flores! 



14 


cárlos roxlo 


IV 


En el instante aquel, cuando á la boca 
De Adán, por la pasión enardecida, 

Se acercan de Eva, palpitante y loca, 

Los rojos labios, manantial de vida, 

Es más azul , lo azul ; más armonioso 
El murmullo del mar; más p'acentero , 

En las hojas del árbol tembloroso, 

El suspiro del aire pasajero . 

Canta una bendición cada sonido, 

Vibra un epitalamio en cada aroma, 

Y entreteje las hebras de su nido, 

Con rústicos estambres, la paloma. 

Mientras salmo nupcial, salmo de amores, 
Símbolo de alianza y de alegría , 

Tiende el iris sus curvas de colores, 

Como hostia, santa del altar del día, 

Con que consagra Dios, eh el sereno 
Templo de luz de la extensión lejana, 

El primer triunfo del amor terreno 

Y el vasto hogar de la familia humana. 



NOCHE. 


Dice, la noche fría, 

Al moribundo luminar del día: 

— Porque me vés envuelta en negros tules 

Y mis alas no tienen la armonía 

De tus alas azules, 

¿Desprecias, inclemente, mi suspiro, 
Sabiendo, como sabes, que te adoro, 

Y que, sedienta de tu lumbre, giro 
Asida al fleco de tu manto de oro?... 

Oh! baja altivo desde el monte al prado; 
Crezca invencible tu aversión injusta: 
i Si tu azul es sagrado, 

Mi tristeza es augusta! 

Tú cantas con la luz de la alborada 

Y el incendio voraz del mediodía: 

« ¡Amaos hasta el fin de la jornada! 



16 


CARLOS ROXLO 


¡Para adorar, la tierra fué creada! 

¡ El sol es la alegría 1 » 

Más cuando, por mis sombras perseguido, 
Huye el fulgor de tus rosadas huellas, 

Yo murmuro en las aguas y en el nido 
Bajo la claridad de las estrellas: 

« Compadeced ! acaso en este instante 
Hay quien se tiende con mortal fatiga, 

Y hace mal á la causa del gigante, 

El odio de la hormiga. 

Al expléndido sol , de la luz dueño , 

Sigue la sombra de la noche fiera, 

Y nada sabe, cuando cede al sueño, 

Lo que mañana , al despertar , le espera ! » 



§ÍARl,A O MIRA 


y O soy la voz que te nombra 
' Cuando sonríes dormida, 
Aquella voz dolorida 
Que te acaricia en la sombra; 
Soy la huella que en la alfombra 
Deja tu pié encantador, 

Soy el wals embriagador, 

Y soy, por raro poder, 

Tu corazón de mujer 
Con sus nostalgias de amor. 


Yo soy el árbol que agita 
Frente á tu balcón sus ramas, 
La ñor con que te embalsamas 
Y en tus trenzas se marchita; 
Soy la música infinita 
De tu dulcísimo acento, 



CARLOS ROXLO 


Soy el suave movimiento 
Con que ondula tu vestido, 

Y soy ave que su nido 
Fabricó en tu pensamiento. 

Yo soy la luz de la luna 
Que tus balcones platea, 

Y la claridad febea 

Que hace humear la laguna; 

Al despertar en la cuna, 

Yá, como en sueños, te vi 

Y antes de hablarte aprendí 
Que Dios, en su alto poder, 

Encerró mi alma en un sér 
Enamorado de tí. 

* 

Háblame, que tu voz suena en mi alma. 
Como en los berberiscos arenales 
La endecha de cristal de los raudales 
Nacidos á la sombra de la palma. 

Háblame, que tu acento apasionado 
En mi doliente corazón resuena, 

Como armónico canto de sirena 
Sobre el mar por los vientos encrespado. 



VERSOS 


19 


Háblame, que los monstruos del deseo 
Aletarga tu voz arrulladora, 

Como del mundo en la radiante aurora 
Domó á las fieras el laúd de Orfeo. 

Muévase ya tu labio de claveles , 

Para decir con efusión: ¡te amo! — 

¡Flor de romero de sabrosas mieles, 

Brinda á la abeja tu cerúleo ramo! 

* 

Pero, en vano, de hinojos 
Confieso mi pasión. Hace la duda 
Que aunque suspiren ya tus labios rojos, 

Tu linda boca permanezca muda. 

Si piensas que mi amor no es de los buenos 

Y prefieres callar, mírame al menos > 

Y como sabes tú, mi única palma, 

Vuelve hacia mí la noche de tus ojos 
En que brilla la estrella de tu alma. 

* 

Mírame, que comprendo lo que es el cielo 
Cuando hacia mí tus ojos amante giras, 

Y abre de tus pestañas el negro velo, 

Que muero de tristeza si no me miras. 



20 


CARLOS ROXLO 


Como la luz que esparcen las alboradas 
Ahuyenta de la noche las fantasías, 

.Al inefable rayo de tus miradas 
Se desvanecen todas las penas mías. 

Sólo bajo los rayos del sol bendito, 

El jazmín de tus rejas abre su broche : 
Para soñar con dichas, yo necesito 
Ver tus ojos oscuros como la noche. 

Ver tus ojos oscuros, dó están cifradas 
De tal modo las ansias del alma mía, 
Que á pedirme la vida por tus miradas, 
Con placer á ese precio las compraría! 



§¡A INUNDACION 


I. 


Vtfs Juan Ortiz un dómine de aldea, 

[y Más sabio que Temiscio y el Tostado , 
A\ En cuyos dulces ojos centellea 
Del pensamiento el resplandor sagrado. 
Comprende á Milton é interpreta á Dante; 
La Santa Biblia con empeño anota; 

Descifra la inscripción , ya vergonzante , 

Que ostenta el dorso de la estatua rota, 

Y burlando del tiempo la arrogancia, 

La completa, traduce y examina, 

Fuerte, como Duyny, por su constancia . 

Dice, como Bartrina, 

Que la sangre arterial es la que enciende 
La del noble rubor, llama divina, 



22 


CÁRLOS ROXLO 


Y hábil adepto de una ciencia triste , 

Que incansable defiende , 

Cree, como Buchner , que el cerebro piensa 
Y que el alma no existe, 

Como Epicuro, en su locura inmensa. 

Mas no miente mi labio, 

Si afirma justiciero 

Que el dómine es tan bueno como sabio; 
Pues , si con mi héroe se compara, infiero 
Que no hizo San Martín una gran cosa , 
Por cuanto Juan Ortiz, á un pordiosero , 
Dió una noche invernal, fría y lluviosa, 

Su capa, que era grande, por entero. 

II. 

El cura del lugar, que es un bendito, 
Siente, por aquel sabio irreprochable, 

El miedo que nos causa lo infinito 

Y el horror que despierta lo insondable. 

Es el cura un anciano 
Que toma al bendecir un aire augusto, 

De luminosa faz, de color sano, 

Apacible, sencillo, alegre y justo; 

Amante de los niños y las flores, 

Que pagan sus amores, 



VERSOS 


23 


Las segundas mandándole su esencia 
En las candentes alas de la brisa, 

Y los niños buscando su presencia 
Para libar la miel de su sonrisa. 

Sabe poco latín ; sus oraciones 
Siempre hablan de humildad y de indulgencia; 
Con parábolas forma sus sermones, 

Y tierno y bondadoso, 

Citándole el ejemplo de la hormiga, 
Transforma en diligente al perezoso 

Y levanta al rendido de fatiga. 

ffl. 

Está el pueblo situado junto á un río 
Que indómito y bravio, 

Cuando llegan las lluvias otoñales, , 

Muje, se hincha y parece que desea 
Cubrir con el cendal de sus caudales 
Los huertos y las casas de la aldea; 

En la cual , á la hambrienta sepultura , 

Se aproximan el dómine y el cura 
Sin ambición y libres de pesares, 

Zahumados con la esencia del tomillo 

Y el aroma que exhalan los azahares , 

Viendo en las eras solazarse al grillo 



24 


CÁRLOS ROXLO 


Y al tordo devastar los olivares. 

Así, lejos de todos y de todo, 

Viven y se divierten á su modo: 

El buen cura medita su breviario, 

Llorando, con sus lágrimas más bellas. 

La sangre derramada en el Calvario; 

Y el maestro, en la fiebre que le inflama, 

En soles transformando á las estrellas, 

Estrella al sol, que nos alumbra, llama. 

IV. 

Está la noche como el hielo fría; 

La lluvia torrencial , de todo el día , 

El suelo trueca en barro cenagoso; 

Y desbocado se adelanta el río, 

Fuera de cauce, turbio y espumoso, 
Arrancando las siembras del plantío . 

La vega y la barranca 
Convertidas se ven en hondo lago, 

Cuya corriente bullidora arranca 
Troncos y muros con salvaje extrago. 

No hay ya puentes, trampales, ni caminos; 
Sanguinoso el mastín, junto al cordero, 
Naufraga en los traidores remolinos; 



VERSOS 


25 


Y flotan, con las ramas de los pinos, 
Las trizas de las cercas del otero. 

La incontenible riada 
Va socavando viñas y olivares, 

Y por las torrenteras despeñada, 

Del campestre lugar llega á la entrada 
Circundando sus rústicos hogares . 

Por las endebles tapias detenida, 

La onda voraz, rugiendo, forcejea, 

Las arranca con brusca arremetida 

Y huye con los despojos de la aldea. 

Sobre el valle, sombrío y funerario, 
Todo es desolación y abatimiento ; 
Hasta la bronca voz del campanario 
Cantar parece, con medroso acento/ 

El lanitna sabachihani del Calvario! 

V. 

Cortando el agua con tajante quilla, 
Avanza, por el río, una barquilla, 

En cuya esbelta proa 
Una luz celestial, consoladora, 
Intermitente brilla. 



CÁRLOS ROXLO 


2t> 


La frágil barca vuela, 

Dejando tras de sí rastro de estela 
Que absorbe pronto la glacial negrura, 

Y en ella va el dómine y el cura, 

Los sectarios del templo y de la escuela 

VI. 

Cada vez que del bote á la indecisa 
Claridad apagada, 

Sobre el agua espumosa se divisa 
Algo de horrible, que entre sangre nada, 
El dómine y el cura, á un tiempo mismo. 
Murmuran con acento lastimero, 

Apartando la vista del abismo, 

El / beati qui quiescunt ! de Lutero. 

Durante toda la velada aquella, 

Ni una palabra entre los dos cambiaron, 
En tono de amistad ó de querella; 

Mas en un punto sus ojos se encontraron 

Y yo no sé qué cosas se dirían, 

Que cuando nuevamente se miraron, 

Los ojos de los dos resplandecían. 

Y una vez, en que el cura, 

Por mirar al abismo, poco diestro, 



VERSOS 


27 


Casi se hunde del río en la negrura. 

Con un cierto abandono de. Jgrnura 
Se apoyó en las espaldas del maestro. 

VII. 

% 

El indómito oleaje balancea 
Una cuna, que corre y sobrenada 
Y en la que llora un niño abandonado, 
Bendición y tesoro de la aldea, 

Insecto en su celdilla arrebatado , 

Por la furia del río, 

Ante los ojos de la madre amada 

Que exclamó con dolor: ; Pobre ángel mío! 

La noche, con sus velos, 

(Üubre la media desnudez de aurora 
De aquel querube, que dejó los cielos 
Por una causa que mi musa ignora. 

Y el pequeñuelo llora 
De hambre, de frío, y la neblina espesa, 
Extendiendo los pliegues de su manto, 

Yo no sé si le azota ó si le besa. 

Lo cierto es que su llanto 
Yruebá que hay en la cuna, sostenida 
Por extraño poder sobre las olas, 



28 


CARLOS ROXLO 


Un» sér que apenas despertó á la vida 
Se encuentra yá con la desgracia á solas. 

VIII. 

Calla el niño; 1§ rápida corriente 
Se precipita más; en su murmullo 
Hay vagas notas de plegaria ardiente 

Y cadencias dulcísimas de arrullo . 

¿Lleva al puerto la, puna, vuelta nave 

Y por las recias olas empujada 

Al dormido querub?... ¡Talvez! ¡Quién sabe! . . . 
Las palmeras del linde del desierto 
Acaso mira yá!... La muerte odiada 
Yo sé que mucho se parece al puerto!... 

Pero nó; la espumosa 
Superficie del río, una barquilla 
Viene cortando terca y animosa 
Con los pausados choques de su quilla. 

Ya está cerca, ya avanza 
Hacia la frágil cuna, como alado 
Mensaje de esperanza; 

Ya se escucha el cansado 
Golpe del remo castigando al río, 

Que se agita encrespado, 



Muje rujíente, y con furor combate, 
Como corcel bravio 
Que siente en el hijar el acicate. 

¿Si pasarán sin ver al pequeñuelo?. . . 
¡La lumbre de la barca no atraviesa 
El funerario v^lo 
De la neblina espesa!... 

¡La barquilla se aparta de la cuna!... 
Ah! rasgando el sudario de la noche, 
La blanca muertan&ideral , la luna, 

Abre su inmenso y luminoso broche!... 

El niño se salvó; suena un bajido; 
Hasta el nuevo Moisés el bote llega, 

Y en el timón, el cura enternecido, 
Enjuga el llanto que sus ojos ciega! 

IX 

Nuevamente las nubes apiñadas 
Condensan su flotante vestidura, 

Y colora el relámpago la altura 
Con rojizas y tenues llamaradas. 

Redobla la neblina sollozante 
Su densa oscuridad, arrecia el frío 



30 


CARLOS ROXLO 


Y del ciclón el hábito jigante 
Juega con las espumas en el río. 

Mudo é inerme el valle funerario 
Ya no resiste al líquido elemento; 

¡Sólo la bronca voz del campanario 
Canta, en la somM-a^ con medroso acento 
El lamina sabachthaui del Calvario! 

X 

La barquilla, empujada 

Por las olas, prosigue su camino 

Ya en las líquidas crestas levantada, 

Ya cayendo de pronto sepultada 

En el surco traidor de un remolino. 

* 

Y la tímida luz consoladora,* 

Que combate, en la prora 
Del bote, con la bruma embravecida, 
Intermitente y vaga, 

Tiembla, humea, se apaga 

Y segundos después vuelve á la vida. 

Así la barca se desliza y flota 
Ginete en el corcel del oleaje, 

Mientras la niebla lúgubre la azota 

Y la columpia el vendabal salvaje. 



VERSOS 


31 


XI 


Foco después la claridad siniestra 
De un relámpago intenso, 

A pocas brazas de la barca muestra, 

— Rasgando de la sombra el manto denso, — 
Pétreo y minado muro 
Que se pierde en lo oscuro, 

Y en lo alto una mujer, la húmeda veste 

Desgarrada en pedazos, 

Y que cual bella aparición celeste 
Tiende, hacia el bote, los desnudos brazos. 

A) mirarla sutjir como un ensueño, 

— La madre! — el cura dijo 
Levantando al pequeño; 

Mientras con ronca voz y ansia infinita, 

— ¡Hijo del alma!., ¡hijo!,.. 

¡Hijo de mi dolor! — la mujer grita. 

Era la madre, sí. Cuando las olas 
La cuna del pequeño arrebataron, 

Se desmayó, y las aguas la llevaron 
Hasta los piés del muro, 

Donde más tarde despertóse á solas. 



32 


CÁRLOS ROXLO 


Convulsa é inconsciente, 

Luchando por la vida 
A una piedra saliente 
Un breve instante se mantuvo asida. 

Palpó luego en lo oscuro 

Y á las grietas se asió desesperada, 

Dejando aquí un girón de su vestido 

Y allá un trozo de piel ensangrentada; 

¡Cada trecho subido 
Era un vía crucis en la noche helada! 

A veces, desde lo alto, se derrumba 
Alguna piedra, que silbando y viva, 

Se hunde del río en la espumosa tumba; 
¡Mejor! el hueco que en el muro deja, 

Le servirá de apoyo!... ¡Arriba! ¡Arriba!... 
¡Milagros de equilibrio; ni una queja!... 

¡La noche por doquier!... ¡Frío en el alma; 
Frío en los miembros que la niebla azula!.. 
¡Un relámpago y otro ! . . ¡El valle en calma! . . 
¡Rujíente el río que á sus piés ondula!... 
¡Ya está cerca!... ¡Un esfuerzo denodado 

Y á lo alto llegará!... ¡Bruma traidora !..., 
¡Por fin el viejo muro está escalado!... 

La mujer se ha salvado 

Y madre vuelve á ser. ¡La madre llora! 



VERSOS 


33 


XII. 

Situado el muro está sobre eminencia 
Desde la cual el valle se domina; 

Pero de la corriente á la violencia, 

Yá el viejo muro á su pesar se inclina. 

Al ver en situación tan espantosa 
A la madre infelice, 

Con* su eterna llaneza bondadosa: 

— ¡Es preciso salvarla! el cura dice. 

Ya á la pared ruinosa más cercanos, 
Quieren tender un cable á la cuitada: 
¡Imposible!... ¡sus plantas y susjnanos 
Desgarró la ascensión desesperada!... 

En semejante apuro, 

Arrojan una cuerda desde el bot*> 

Que un garfio logra sujetar al muro, 

Y á trepar se prepara el sacerdote, 

En todo trance de su Dios seguro, 

Cuando rápido y diestro, 

Con ánimo valiente y decidido* 
Apartando al pastor, se alza el maestro 

Y queda sobre el agua suspendido. 



34 


CÁBLOS R0XL.0 


El indómito oleage forcejea, 

Relámpago fugaz en lo alto brilla , 

El muro se extremece y bambolea, 

El vendabal arrastra la barquilla; 

Una lágrima intensa de ternura 
A la pupila de la madre asoma, 

Sobre la barca se prosterna el cura, 

Y sintiendo que el muro se desploma, 

— ¡Pobre mujer! — el dómine murmura. 

Después, el ángel de la niebla fría 
Oye gritos de espanto y de agonía; 

Forma el río sangriento remolino, 
Concentrando su férvido oleaje, 

Y prosigue la barca su camino, 

Al ronco son del huracán salvaje! 

Bajo su undoso y fúnebre sudario, 
Queda ^1 valle en profundo arrobamiento; 
¡Yá ni la voz del rústico santuario 
Canta en la sombra, con medroso acento, 
El lamina sabachthani del Calvario! 



'RJMAVRRA TRJSfR 


( A mi maestro y amigo, don Manuel del Palacio ) 


Ya surgen por doquiera, 

Al soplo de la virgen primavera, 
Violados lirios y fragantes rosas; 

Los gusanos roedores 
Sus alitas despliegan zumbadores, 
Transformados en blancas mariposas. 

La vid al olmo prende; 

El átomo en la atmósfera se enciende; 
Trina y gorjea el ruiseñor canoro; 

Y de azahares vestido 
El naranjo nos brinda, agradecido, 

Sus dulces frutos del color del oro. 

Escalan los balcones, 
Confidentes de amantes ilusiones, 



36 


CÁRLOS ROXLO 


Las purpúreas y^abiertas capuchinas; 

Y con sesgado vuelo 
Cruzan, inquietas, el azul del cielo 
Las rondas de las pardas golondrinas . 

«* 

La vista se recrea 

Contemplando las casas de la aldea, 

Con sus huertos floridos y feraces; 

Y el olivar cercano, 

Donde, en las tibias noches de verano, 
Arrullan á sus hijos las torcaces. 

Deslizase la vida 
Mansamente en la aldea circuida 
Pof un doble mural de altas montañas, 
Cruzadas por un río 

Que se pierde después, cauto y sombrío, 
Entre juncos y enebros y espadañas. 

Allí, lejos del mundo, 

Y extraño, por entero, al infecundo 
Combate de sus bárbaras pasiones, 

Julián tranquilo mora , 

De la rústica grey trabajadora 
Reinando en los alegres corazones. 



VERSOS 


37 


Un niño 'delicado , 

En cuya linda faz se ha entremezclado 
El color de la rosa con la espuma, 

La tranquila existencia 
Encanta de Julián con su inocencia, 

Sus dulces juegos y su gracia suma. 

La hechicera Matilde 
Gala y encanto del lugar humilde*, 
Madrastra del gracioso y tierno niño, 
Comparte recelosa 
Con aquel seTafín, de nieve y rosa, 

De Julián la existencia y el cariño. 

En celoso arrebato, 

Como sabe que el niño es el retrato 
De aquella santa que en el cielo anida, 
Un odio, aunque escondido, 
Mortal, guarda al pequeño, en cuyo oído 
Sonó apenas la diana de la vida. 

En la noche traidora 
Y ofreciéndole el llanto que devora, 

Pide á Dios que bendiga sus amores. 
Pues la dicen sus celos 
Que es la nupcial coyunda sin hijuelos 
Como un jardín sin pájaros cantores. 



38 


CÁRLOS ROXLO 


No subió en vano' el ruego 
De Matilde hasta Dios , quien dulce rieg<¡* 
Para el pesar, que en las tinieblas llora, 

La envía bondadoso 
Con el primer quejido doloroso 
De una niña gentil y encantadora. 

I Cuán alegre y ufana , 

Matilde, al despuntar de la mañana, 
Contempla de aquel sér el rostro bello! 

|Con qué dulce embarazo 
No le arrulla, dormido en Su regazo; 

No le besa en los ojos y en el cuello! 

lEn la ternura loca, 

Que sus instintos de piedad sofoca, 
Cerrando al bien del corazón la puerta, 

No advierte, delirante, 

Que cada vez más terco y más pujante 
Se agranda su odio al hijo de la muerta. 

Nerviosa é insensata, 

Sin razón ni motivo le maltrata, 

La enoja que le muestren simpatía; 

Y en su rencor profundo, 

•No piensa aquella madre que en el mundo 
Su hija pueda quedar sola algún día. 



VERSOS 


39 


Julián, que á cada instante 
Ve castigar al delicado infante 
A causa del amor que le profesa, 
Ahogando su ternura, 

Se aparta de la pobre criatura 
Y ya ni la sonríe ni la besa. 

Y el niño, acostumbrado 

A ser por Julián siempre acariciado, 
Como una flor sin riego languidece; 

Y en su dolor sencillo, 

Toma su linda faz ese amarillo 
Color que al de las tumbas se parece. 

La soledad medrosa 
En que yace su almita cariñosa, 

Con rapidez enerva su enerjía; 

Y en su cándido lecho , 

Lívido el rostro, jadeante el pecho. 
Despierta una alborada triste y fría. 

Ya el invierno á las puertas 
Golpea del lugar, vénse cubiertas 
De nieve deslumbrante las montañas, 

Y el silencioso río 

Se transforma en torrente , que bravio 
Arrastra enebros, juncos y espadañas. 



40 


CARLOS ROXL'O' 


Una noche, en que el viento 

Contra los vidrios choca violento 

• - * 

Y en que parece desquiciarse el mundo, 

Del infante, doliente 
En la alcoba, alumbrada débilmente, - 
Se escucha el estertor de un moribundo. 

Con paso cauteloso, 

Julián se acerca al lecho; mira ansioso 
Del niño el rostro , pálido y marchito , 

Y deja en él impreso 
Un ósculo de amor , un largo beso 
Que enrojece la tez del enfermito. 

La pobre criatura , 

Al sentir aquel beso de ternura 
Que á endulzar viene, amante, su agonía, 
Olvida sus agravios, 

Y una sonrisa de sus mustios labios 
Al débil padre con esfuerzo envía. 

Después, extrt mecido, 

Julián escucha el lúgubre ronquido 
Que del infante despedaza el pecho; 

Se doblan sus rodillas, 

Una lágrima quema sus mejillas, 

Y se oye ruido de alas sobre el lecho! 



es 


'ZSAIjIZMTO 


Extendida la vela zumbadora 

Y como el vuelo del alción liviana, 

A la tímida luz de la mañana 
Deja, el puerto, la nave pescadora; 

Pero el cielo se nubla, se colora 
Con un zigzag de refulgente grana, 

Y entre las sirtes, á la nave ufana 
Traga la espuma de la mar traidora. 

Eso mi numen fué: tendió su vuelo, 
De brío juvenil haciendo alarde, 

Por un azul y explendoroso cielo, 

Para morir, el ala entumecida, 

Con las fúnebres sombras de la tarde, 
En las ásperas sirtes de la vida. 




II. 

EN LOS BOSQUES 


( A Mariano de Media. ) 




$ ios Bosques 



Donde 


Donde 

Donde 

Donde 

Donde 

Vén á 
Donde 


conmigo á perderte en la enramada 
Dó zumba el mamangá, 
el capullo de su flor morada 
Abre el burucuyá; 

el pampero agita los festones 
Que cuelgan del ombú, 
la dulce miel de sus canciones 
Fabrica el morajú; 

tiemblan los fuegos del cocuyo 
Sobre el trébol en flor, 
mi labio derramó en el tuyo 
La fiebre del amor. . 

la sombra del ramaje umbrío , 

Do crece el sarandí, 
al soplo del aura del estío 
Se cimbra el camuatí ; 



4G 


CARLOS ROXLO 


Donde mojan sus plumas en la fuente 
Las alas del biguá, 

Donde se mira el tordo en la corriente 
Que bajo el ceibo está; 

Donde lanza la estrella del boyero 
Su pálido fulgor. 

Donde hace en el azahar del limonero 
Su nido el picaflor. 

Ven á escuchar las notas del silbido 
Del corredor ñandú: 

Vén á los bosques en que yo he nacido 
Y en que naciste tú. 



Übomz 1>A 1,0 M A 


A Vh campos en que alegre y placentera, 
\J Sin miedo á las zozobras del mañana, 
Corrió mi edad primera I 
¡Oh feraces llanuras, que engalana 
Con su verde mantel la primavera 1 


El goce de miraros 
Hace subir á mi pupila el lloro, 

Mares de espigas, arroyuelos claros, 
Follajes de esmeralda que al cimbraros 
Nos dais la sed de vuestros frutos de oro 


Aún el terso raudal canta y murmura, 
Bajo el grupo de palmas, sus amores, 
Y derramando en ondas de frescura, 
El viento de los guindos me satura 
De rústicos olores I 



48 CÁRLOS ROXLO 


Aún, moviendo sus ramas, el granado 
Me convida á trepar, constante amigo, 

Por el fruto inclinado, 

Donde buscan las aves un abrigo 
Contra las rojas luces del nublado 1 

Ya estoy aquí, zorzales 
Que cantáis los amores del romero, 
Fabricáis vuestro nido en los ceibales, 

Y os meceis con las brisas estivales 
Posados en los juncos del estero! 

Ya estoy aquí, canturía trinadora 
Del viento pampa en la enramada espesa, 
Que perfumas tu veste onduladora 
En la red de la virgen zarza-mora 

Y en el rojo incensario de la fresa! 

Salve, vieja enramada. 

Que te encumbras lasciva 
Al ombú de mis cerros abrazada! 

Salte, salve otra vez, tierra nativa, 

De trigos y de vides alfombrada! 



O QUR tiJCZ SZTJKM'BRK 


USQUEMOS un espacio entre las hojas 
JJ Flexibles del palmar, 

Y hagamos con estambre de las lianas 
Nuestro lecho nupcial. 


Yo te diré lo que los sauces sueñan 
Bajo la noche azul, 

Mientras cubres, piando, á los pequeños 
Con las alibis tú. 


Hija del hosque, cuyas pardas plumas 
Baña con mimo el sol, 

¡Dulces me miren tus pupilas, negras! 
¡ Es el mes del amor ! 



¡wusjdz mijos 


¡Qué hermosos son los campos 
Los bendecidos campos de la patria, 
Cuando los vientos de la tard* tiemblan 
.En el columpio de la verde acacia ! 

¡ Qué hermosos son los campos, 
Los bendecidos campos de la patria, 
Cuando les dá la manzanilla agreste 
Todo el perfume de sus flores blancas ! 

¡ Qué hermosos ábn los campos, 
Los bendecidos campos de la patria, 
Cuando la espiga de la cruz los cerca 
Y llora, entre ios juncos, la calandria!. 

¡ Qué hermosos son los campos, 
Los bendecidos campos de la patria, 
Cuando gimen la prima y la bordona 
Bajo la noche de las quietas palmas! 



VEFtSOS 


;Qué hermoáfcs son los campos, 
Los bendecidos campos de la patria, 
Cuando se sueña con sus viejos sauces 
Junto á los rios de la tierra extraña! 




¿Quién te amará, capullo de la umbría, 
Cuando te falte yo? 

¿Quién, con un beso, dejará en tus labios 
Todo su corazón? 

Tórtola azul, bañada con perfumes 
De las viñas en flor, 

¿ Qué viento, di, recojerá tu arrullo 
Cuando te falte yo? 



J |a carrera 


(Al Dr . José V. So/ar/. ) 


Nace una tarde estival 
De embriagadora hermosura, 

Y la luz del sol fulgura 
Como encendido cristal ; 

*Entre un monte y un maizal, 
Más rubio que el sol del día, 
Ostenta una pulpería 
Los hierros de su ventana, 
Que con hojas se engalana 

Y con flores se atavía. 

Del maizal al arbolado, 

Hay un sendero, en que crece 
Un viejo ombú que parece 
Pajarera en despoblado, 

Donde el viento embalsamado 
Por la pasionaria en flor, 



54 


CÁRLOS IÍOXLO 


Al quebrarse en el verdor, 
Gime con són lastimero, 

Y donde anida un boyero 
Que es un soberbio cantor. 

En la tarde de aquel día, 

Se agita, de gauchos llena, 
Con rumores de colmena 
La campestre pulpería ; 

Bajo la enramada umbría 
Que dulce sombra le da, 

El mate corriendo está, 

Está la taba rodando 

Y una guitarra trinando 
Con arpegios de sabiá. 

Una morocha encantada, 
Cuya vista es acicate, 
Templa lo amargo del mate 
Con la miel de su mirada ; 
Linda diamela brotada 
En la zona del Pampero, 

Es tan suave y hechicero 
Su perfume soberano, 

Que se para sobre el llano, 
Para mirarla, el Crucero. 



VERSOS 


55 


La prodiga la reunión 
Esa lisonja elocuente 
Que hace vibrar dulcemente 
Las cuerdas del corazón; 

Pero ella, cuya pasión 
Esconderse no~*procura, 

Cuando alaban su hermosura, 
Vuelve la vista, bizarra, 

Al que tañe la guitarra 
Bajo la enramada oscura. 

Un zambo, de tez curtida 
Por el sol de la pradera, 

Y que á la moza hechicera 
Habla con frase atrevida, 
Llegándose con fingida 
Indiferencia orgullosa, 

A un alazán qOe reposa 
Junto al joven guitarrero, 

Dice: — Le corre mi overo 
A esa rapidez famosa. 

* 

— Si la cola es de su agrado, 
ítfo pudo elegir mejor, — 
Responde alegre el cantor 
Al mirarse desafiado; 



56 


CÁRLOS ROXLO 


Replica el otro enconado, 

Con brusco y torvo ‘ademán, 
Vengando en el alazán 
Los celos devoradores 
Que le inspiran los amores 
Del guitarrero galán. 

Ya la reunión dividida 
Titubea entre el overo 

Y el alazán, que es lijero 
Como un soplo en la partida; 
Con la Tnirada encendida 

Por un reflejo infernal, 

Muestra el zambo á su rival, 

El overo de que trata, 

Que es un arroyo de plata 

De la testera al pretal. 

« 

— La daga que mucho brilla 
No es la que corta mejor — 
Dice sonriendo el cantor 

Y el alazán desensilla ; 

Sale, después, la cuadrilla 
Hasta dar con el sendero, 
Miden el campo, y lijero, 
Como avestruz asustado, 



VERSOS 


57 


Arranca el zambo el recado 
De los lomos del overo. 

El sol, con ráfagas llenas, 
Pinta de rojo la altura, 

Y su reflejo fulgura 

En las grandes nazarenas. 

La miel hierve en las colmenas; 
El moscardón en la umbría, 

Se embriaga con la ambrosía 
De la flor envuelta en llamas, 

Y el lagarto sus escamas 
Tuesta en el horno del día. 

Del sol el hirviente lloro, 
Cayendo á plomo del cielo, . 
Del alazán en el pelo 
Brilla con cambiantes de oro ; 

Y cuando el casco sonoro 
Del lindo flete golpea 
Del campo de la pelea 
La superficie agrietada, 

La gramilla maltratada, 

Como quejándose, humea. 

Al fin, alazán y overo, 
Haciendo crujir la rienda, 




58 


CÁRLOS ROXLO 


Dan en copiar la contienda 
De la nube y el pampero; 
Parten con empuje fiero 
Como salto de felino, 

Y se extremece el camino 
Por donde sus sombras van, 
Que es un rayo el alazán 

Y el overo un torbellino. 

Poco el combate duró, 
Que en su frenética huida 
La nube de oro vestida 
Más que el huracán corrió; 
El paisanaje aplaudió, 
Mientras rojo de fiereza 

Y sin volver la cabeza 
Ni sujetar al overo, 

Se hundía él zambo lijero 
En la cercana maleza. 

Con bulliciosa alegría, 
Abandonando el camino, 
Torna el grupo campesino 
A la agreste pulpería ; 

Bajo la enramada umbría, 
Que amustia la luz solar, 



VERSOS 


59 


Vuelve el mate á circular, 
Vuelve la taba á correr, 

Y la guitarra á tañer, 

Y el payador á cantar. 

Al fin, con pausado vuelo, 
Cuelga la noche callada 
Su vestidura enlutada 
En los confines del cielo; 
Pero, rasgando su velo, 

La faz de la luna asoma 
Sobre la desierta loma 

Y sobre el campo florido, 

Que queda blanco y dormido 
Como una inmensa paloma. 

Entonces, al trote lento 
Del alazán vencedor, 

Y acariciado el cantor 
Por amante pensamiento, 
Cruza el llano cuyo aliento 
Huele á trébol perfumado, 

Y del bosque enmarañado 
Entre los troncos se pierde, 
Bajo el cortinaje verde 

Por la luna plateado. 



60 


CARLOS ROXLO 


De pronto, tras un cipó 
Que rastrero el monte alfombra , 
Se alzó del zambo la sombra 

Y un reto á muerte se oyó. 
—Nadie al ñudo me esperó, — 
Dice altivo el guitarrero, 

Y descabalgando fiero, 

Su daga, que al aire brilla, 
Hace chispear la cuchilla 
Del corredor del overo. 

Con el aliento agitado, 

Agil el brazo nervudo, 

Y convertido en escudo 

El poncho á tientas doblado, 
Los dos, con empeño airado 
Giran en danza infernal, 
Chocan puñal con puñal, 

Se abrazan con rabia ciega, 
Luchan y caen en la brega 
Arrastrando á su rival. 

Sólo el payador se alzó 
De roja sangre cubierto 

Y la luna, sobre el muerto, 
Su blanca lumbre tendió; 



VERSOS 


61 


Raudo galope se oyó, 

Quedó mudo el bcsque umbrío, 
Lentamente en el vado 
Las estrellas se apagaron 
Y las aves despertaron 
Entre guardas de rodo. 



%A SIESTA 


( A Manuel Bernárdez ) 

El ofidio se enrosca 
Bajo el toldo amarillo de la retan^a. 
Zumba la mosca, 

Y la flor de los ceibos cuelga en la rama. 


Bajo el sol de febrero todo se enerva; 
La cigarra tan sólo canta en la yerba; 

A la sombra del monte yacen las reses ; 
Hay abejas dormidas sobre las mieses. 

Ya el griterío 

De las aves zancudas cesó en el río. 

La lechuza en los cercos está parada; 
Los chingólos ocultos en la enramada; 
En los sauces sedientos de las riberas 



VERSOS 


63 


Sus colores ovillan las gusaneras. 
Todo mustio se inclina, 
Todo es sosiego, 

Y los pastos calcina 
Lluvia de fuego. 


El ofidio se enrosca 
Bajo el toldo amarillo de la retama, 
Zumba la mosca, 

Y la flor de los ceibos cuelga en la rama. 


Elaboran los flancos de las colinas, 

t 

Con flotantes vapores, tenues cortinas; 

El granado destila rojos rubíes 
Y se cubren de cera los camuatíes. 

Todo está en calma : 

La torcaz en el nido y éste en la palma. 

El ombú solitario de la cuchilla 
Mueve apenas su extraña flor amarilla ; 

El plumón de los cardos seca el bochorno; 
Es la tierra una fragua y el cielo un horno. 
Todo mustio se inclina, 

Todo es sosiego, 



CÁRL.OS ROXLO 


64 


Y los pastos calcina 
Lluvia de fuego. 


El ofidio se enrosca 
Bajo el toldo amarillo de la retama, 
Zumba la mosca, 

Y la flor de los ceibos cuelga en la rama. 


Sólo, el rancho que alegre de trovas llena 
Una linda paisana de tez morena; 

Soló el hogar risueño, cercano al río, 

No hace siesta en las tardes del rubio estío, 
Que en su ventana 
Un galán dice amores á la paisana. 

Y á veces, cuando todo dormita y sueña. 

El ombú de la loma, la flor isleña, 

En mi patio las cintas de hiedra y parra, 
Se percibe el rasgueo de una guitarra, 

Cuyo canto solloza 
De orgullo y gozo , 

Si le dice la moza 

— |Te quiero! — al mozo. 



VERSOS 


65 


El ofidio se enrosca 
Bajo el toldo amarillo de la retama, 
Zumba la mosca 

Y la flor de los ceibos cuelga en la 


rama. 



§A TRJ^A 


Sobre un mar de silvestre manzanilla, 
Pebetero de rústica fragancia, 

Alza su tosca construcción sencilla 
El edificio de una vieja estancia, 

En cuyos muros caldeados brilla 
El sol de fuego que doró mi infancia, 
El patrio sol cuya gentil corona 
La vid fermenta y el trigal sazona. 

Una aurora de nimbos sonrosados 
Sobre la estancia su cendal desplega, 
Se mece con el junco en los bañados 

Y en el columpio de las lianas juega; 
Pinta el rubio maíz de los sembrados. 
Que con diamantes brilladores riega, 

Y puebla de melódicos cantares 
El ancho quitasol de los palmares. 



VERSOS 


67 


Oh luz! oh claridad !.... Tiende su vuelo 
La garza sobre el cauce cristalino, 

La becacina se remonta al cielo, 

Y abre la flor su cáliz purpurino; 

Mueve el ombú su verde terciopelo 
Junto al cerco de pitas del camino, 

El coatí se guarece en la espesura, 

La esencia flota y el raudal murmura. 

Bajo la lumbre que tremante brilla 
El tordo en el laurel trina y gorjea, 

Se aroma el espinillo en la cuchilla 

Y el guayacán sus nieves balancea; 

En la revuelta crin de la tropilla 

El dulce soplo matutino ondea 

Y la res montaráz, de ojos de llama, ' 
Escarba el suelo, se extremece y brama. 

El alerta del gaHo en los corrales 
Saluda reverente al nuevo día, 

Despierta la perdiz en los trigales 

Y en el guayabo la torcaz bravia; 

Del humo las azujes espirales 
Flotan sobre la pobre ranchería, 

Mientras el sol su clámide radiosa 
Cuelga en los hombros de su opaca esposa. 



08 


CÁRI-OS ROXLO 


Al fin la noche su soberbia humilla, 

Se alza del sol el círculo inflamado, 

Y comienzan los lances de la trilla 
De las espigas en el mar dorado; 
Limpio de nubes el espacio brilla, 

Sus alas cierra el viento embalsamado 

Y del ceibal en las flexibles ramas 
Cuelga la luz su túnica de llamas. 

Briznas y tallos por el sol vestidos 
Con tintes de naranja brilladores, 

Se mecen en el aire sacudidos 

Por un turbión de insectos de colores; 

Y bajo el mar de espigas escondidos 
Se agrupan con placer los segadores, 
Que encuentran entre el oro del paisaje 
Fresco abanico y ancho cortinaje. 

Sobre la parva que reseca brilla, 
Alzan los mazos de la miés bronceada, 
Entre los corvos dientes de la horquilla 
Los que disponen la primer camada; 

Y comienzan las rondas de la trilla 
Bajo el casco fugaz de la yeguada, 

Que con su golpe, rítmico y sonoro, 
Desmenuza la miés en hebras de oro. 



VERSOS 


69 


Trémula por la danza febriciente 
Que apresura del látigo el chasquido, 

Y las ondas del aire incandescente * 

Aspirando con sordo resoplido ; 

La inculta crin tendida en el ambiente, 

Y con el cuerpo de sudor teñido, 

En grupo denso la yeguada rueda 
Bajo asfixiante y áurea polvareda. 

Llegó con su descanso el medio día, 

La hora estival por el ofidio amada, 

En que duermen las voces de la umbría 

Y humea la llanura calcinada; 

Se espesa el aire, que enrarece el día 
Con su voraz y brusca llamarada, 

Llora la esquila de la res sin brío 

Y en brillazones se desangra el río. 

Cuando el bochorno su desborde enfrena. 
Gime de nuevo la tronchada espiga, 

Vuelve la ronda de clamores llena 

Y el flanco late con mortal fatiga; 

Pe o esta vez, asiste á ía faena, 

Dulce testigo que al denuedo obliga : 

La hija gentil del dueño de la estancia, 
Silvestre flor de espléndida fragancia. 



70 


CARLOS ROXLO 


Se llama Margarita ; el estanciero 
En ella mira su mejor tesoro ; 

, La arrullan con sus píos el hornero 

Y con sus trovas el zorzal canoro; 

Las ráfagas salvajes del pampero 

Se amansan al rozar su frente de oro, 

Y en las cálidas tardes del estío 
Se azula más, para besarla, el río. 

Dá á su labio la ceiba enmarañada 
• El color de la púrpura salvaje, 

Y á su rostro la espiga bronceada 
Los matices estivos de su traje ; 

El boyero, que gime en la enramada, 

Le dá su voz de musical lenguaje, 

Y el ritmo de su dulce movimiento 
Las palmas columpiadas por el viento. 

Torcaza de la selva en qué ha nacido, 
Concentra sus modestas ambiciones 
En la verde guirnalda de su nido 
Saturado de arrullos y canciones; 

Púber aún, su corazón dormido 
No conoce otro afán ni otras pasiones 
Que el vuelo libre por el campo en gala 
Con un nimbo de luz sobre las alas. 



VERSOS 


71 


Pero nó, que en sus ojos celestiales 
Arde la llama del amor bendita, 

Y el hada de los sueños virginales 
Ya no acompaña sólo á Margarita ; 

Bajo la noche azul de los sauzales 
Con nuevo afán su corazón palpita, 
Cuando á los rayos de la blanca luna 
Cruza un grupo de cisnes la laguna. 

La niña, por su amado acompañada, 
Mira con sus pupilas soñadoras 
El trote abrumador de la yeguada 
Que hace saltar las cintas voladoras ; 
Dá principio después la repisada, 
Despiertan del crepúsculo las horas, 

Y apuran los peones la faena 
Pensando en los placeres de la cena. 

Humean ya los grasos costillares. 
Pendientes de los férreos asadores, 
Sobre ramos de vetas • seculares 
Envueltos en purpúreos resplandores ; 
Se alzan en rojos nimbos circulares, 
Del jugo que gotea los hervores, 

Y un mastín de pelaje encanecido 
Duerrtie juato á las brasas extendido. 



72 


CARLOS ROXLO 


La pareja gentil, por la llanura, 
Pausada emprende su amoroso vuelo, 
Fabricando espejismos de ventura 
Más puros que la bóveda del cielo ; 
Recoje el sol su ardiente vestidura, 

El tordo entona su canción de celo, 

Y limpia estrella su cendal de plata 
Sobre los mares de lo azul desata. 

De pronto, entre flotante polvareda, 
De un rodeo el tropel bramando asoma, 
Como entre nubes irisadas rueda 
El torrente que cae desde la loma; 
Gime el éco medroso en la arboleda, 
La manzanilla en gajos se desploma, 

Y la res muje en su rabiosa huida 
Por el mastín y el lazo perseguida. 

Un novillo, frenético y valiente, 

Más que sus azorados compañeros 
Herido por la lonja y por el diente, 
Cruza veloz del llano los senderos; 

Baja las corvas astas de su frente, 
Hiere en su afán los aires plañideros 

Y se dirije, con empuje airado, 

Hacia el grupo de amores embriagado. 




VERSOS 


73 


Ella quedó por la sorpresa helada, 

Sin acertar á huir, de miedo loca, 

Con un mundo de angustia en la mirada 

Y un grito ahogado en la entreabierta boca ; 
Mira el joven el riesgo de su amada, 
Corre al novillo, su furor provoca, 

Y cae postrado con profunda herida 
Mientras huye la res enceguecida. 

Y una noche estival, dulce y serena, 

En que se embriagan de pasión los nidos 
Saturados de efluvios de verbena 
En el fondo del monte recojidos, 

Y el blanco traje de la luna llena 
Se columpia en dos ceibos florecidos, 
Surgió del fondo del muriente día * 

Para endulzar del joven la agonía. 

Llora sobre él la niña abandonada 
Por todos sus ensueños tentadores, 
Envuelta en una nube plateada 
De haces de luna y hálitos de flores. 
jOh dulces campos de la patria amada! 
;Oh mirra, luz, suspiros y coldres, 

Abrid los brazos de oro del Crucero 
Sobre el cadáver de su amor primero ! 



74 


CÁRLOS ROXLO 


¡ Callad, reclamos de la quieta umbría, 
Himnos de amor dé la gentil ribera, 
Donde hace nido la torcaz bravia 

Y gime la calandria plañidera; 

Donde la red de sus capullos cría, 
Abrazando al ombú, la enredadera, 

Y donde aún, bajo la noche, flota 
Del trigal cimbrador la última nota! 



§¿n e& camarote; 


Al morir una tarde de otoño, 

Lluviosa y opaca. 

Un islote columpian los vientos 
Del río en las aguas. 

En un tronco, que cimbra el islote, 

Un nido se alza. 

En que asoman dos aves pequeñas 
Sus frentes aún calvas. 

Sobre el nido, tendida é inmóvil, 

La madre se halla, 

Resguardando del lloro celeste 
Su peto de plumas sedosas y pardas. 

Cerca de ella, volando, el esposo 
Con sus píos más tiernos le habla, 
Enseñando á la madre la orilla 
Que muestra, á lo lejos, su muro de ramas 



76 


CÁRLOS ROXLO 


Triste mira la esposa á las avea 
De frentes aún calvas, 

Y á la noche, que ya en el espacio 

Sus tules desata. 

Con un pío más fuerte. el churrinche 
De nuevo la llama, 

Y se pierde después en la orilla 

Volando con ansia. 

Mira entonces la madre á sus hijos 
Con dulce mirada, 

Y los cubre mejor de la lluvia 
Abriendo con fuerza las húmedas alas. 



$RfOS X)% OTOÑO 


Pon tu mano en la mía 

Y reclínate en mí, si estás cansada, 
Musa de mi campestre poesía 

Con hiedra de los montes coronada. 

Sus dulces resplandores 
El sol de los otoños centellea, 

Y se amustia la luz de los amores* 

En el cristal de tu pupila hebrea. 

Las campánulas rojas 
Se doblegan marchitas en el llano, 

Y el fruto, bajo el toldo de las hojas, 
Siente las mordeduras del gusano. 

Sobre el bosque sombrío 
Pasan presagios de flotantes brumas, 

Y entre los juncos del confín del río 
Peina el flamenco sus rosadas plumas. 



CARLOS ROXLO 



Pon tu diestra en la mía, 

Y ven á respirar el ténue aroma. 

De los ceibales, donde supe un día 
Que eran míos tus sueños de paloma. 

Sus últimos olores 
Estimulen tu amor adormecic. o, 

Y conservemos sus postreras flores 
Para adornar los jarros de tu nido. 

Después pondrás sus hojas 
•Sobre tu corazón, al noto abierto, 
Como se cubre de camelias rojas 
El helado ataúd de un hijo muerto ! 



L,A RRCONCJI^JACJON 



Bajo el rústico palio de una enramada 
Que con troncos monteses está formad*, 
Donde anidan en grupo los pica-flores 

Y que es toda perfumes, trinos y amores, 
Una tarde de otoño, la gente moza, 

Al compás de la danza, se agita y goza. 

La guitarra los aires de acordes llena; 
Su melodioso arrullo variado suena. 

Unas veces su nota, dulce y sencilla» 
Preside las cadenas de la cuadrilla; 

Otras veces es ágil zapateado 
Por són de nazarenas acompañado, 

Y del wals, otras veces, los raudos jiros 
Hacen que su armonía muera en suspiros. 

Hay entre los casales de danzadores 
Uno que es el primero de los mejores: 



* 80 CÁELOS ROXLO 


Ella es una morochá de labios rojos 
Que la lumbre del alba Heva en los ojos, 

Y que al posar airosa su pié en el suelo. 
Suele mostrar la media color de cielo. 

Es su falda tan blanca como el armiño; 
Lleva, para contraste, negro el corpiño, 

Y dos flores azules de enredadera 
Esmaltan y perfuman su cabellera. 

Es su pareja un alto y esbelto mozo, 
En cuyo labio apenas apunta el bozo; 
Que en la guitarra sabe llorar primores, 
Cantando sus ensueñós y sus dolores. 
Viste ef gallardo traje del campesino, 

La bota charolada y el poncho fino, 

Y dicen al mirarle las bailadoras 

Que amansan corazones sus domadoras. 

La pareja se cimbra lista y bizarra 
Al compás melodioso de la guitarra; 

La moza suspirante y el mozo esquivo 
Siguen con maestría su acorde vivo. 

Él contempla á la niña, torvo y huraño, 
Como pidiendo cuenta de un desengaño, 

Y la niña, turbada la faz morena, 

Mira á su compañero con honda pena. 



VERSOS 


81 " 


Al sonar un cielito con relaciones 
Se chocan en el aire sus dos pasiones, 

En coplas tan sentidas y bien templadas 
Que hieren como el filo de dos espadas. 

Él comienza á decirle de esta manera: 

— No es posible que encuentres quien más te quiera. 
Burlar en vano anhelas mi sentimiento, 

¡ Tú eres clavel del aire, yo soy el viento ! — 
Bajo aquella caricia que la alboroza, 

Al gallarda mancebo canta la moza: 

— Si es verdad que me quieres, como tú dices, 
No con injustos celos me martirices, 

Y fía en la ternura amor mío, 

Como yo en la constancia del tuyo fío. — 

Al escuchar el choque de los aceros 
Rasguean dulcemente los guitarreios; 

A la moza contempla rendido el mozo, 

La guitarra modula como un sollozo, 

En un crescendo suaye su arpejio flota, 

Y al perderse en el viento la última nota, 
i Ya no adorna la niña su cabellera 

Con dos flores azules de enredadera! 

Aires de las comarcas donde he nacido, 
Vuestros dulces acordes llevo en mi oído; 



CÁRI.OS ROXLO 


Por mucho que me aleje no he de olvidaros 
Ni han de faltarme rimas para cantaros. 
¡Vibrad eternamente junto á mi oído, 

Aires de las comarcas donde he nacido! 





§AS SIERRAS 


(Al Dr . Joaquín V . González) 


El Uruguay fecunda la hechicera 
Canastilla de frutos y de flores, 

Que cubre de mi patria la bandera 
Con sus gallardos pliegues bicolores. 

Todo es allí perfume delicado, - 
Onda fugáz y llamarada estiva: 

El churrinche de peto colorado 

Y el vuelo de la garza fugitiva; 

La guitarra, que goza y que padece 
En las noches azules de la yerra, 

Y el clavel de los aires, que florece 
Abrazado á los picoá de la sierra. 

¡Con qué envidia recuerdo al camalote, 
De verde colgadura desflocada, 



86 


CARLOS ROXLO 


Que siempre columpiado y siepipre á flote, 
Del Uruguay entre las islas nada! 

¡Quién, bajo el velo de la patria aurora, 
Sentir pudiera el cántico sonoro 
Que alzan las aves, cuando el sol colora 
Del espinillo los botones de oro! 

¡Quién mirara en los juncos del estero 
Al flamenco lucir su gallardía, 

Cuando asoman las hebras del lucero 
Sobre los campos de la patria mía! 

¡Y quién, oh padre sol, mirar pudiera, 
Cuando en el fondo de la tarde brillas, 
Cómo ondula tu fleco en la cimera 
Del capacete azul de mis cuchillas! 

¡Quién perdido en los límites del monte, 
Donde el silvestre macachí se encierra, 
Contémplase en el cárdero horizonte 
Las nubes desgarradas por la sierra! 

* . 

¡Las sierras! los bastiones de granito 
Que puestos en los límites del llano, 



VERSOS 


87 


Guardan, con el crestón en lo infinito, 

Mi espléndido jardin americano I 

¡Las sierras! los jigantes cuya sombra 
Cubre y defiende, tutelar y amiga, 

De nuestros campos la risueña alfombra 
Donde la vid se abraza con la espiga! 

¡Las sierras! que si escuchan el bramido 
Furioso del cañón, pensando hazañas, 
Hablan del pedernal de su vestido 

Y del hierro que duerme en sus entrañas! 

¡Las sierras 1 donde nacen las corrientes 
De los ríos que bajan saltadores, 

Para adornar barrancos y vertientes 
Con anchas graderías de colores! 

¡Las sierras! que. perdidas en el manto 
De su cerúleo y ondulante velo, 

Vienen á ser como el peldaño santo 
Por donde sube la llanura al cielo! 

Las sierras! por mis campos esparcidas 
Como si fuesen sus hinchadas venas, 

Al corazón de mi terruño asidas 

Y con la sangre de sus héroes llenas! 



CARLOS ROXLO 


Ave que anidas en el alto cerro, 

Y que agitando tus enormes alas, 

Para salvar los muros de tu encierro, 
Las negras nubes de la lluvia escalas, 

¿Qué alcanzas á mirar desde tu nido, 
Pendiente de los bordes de la breña, 
Cuando cimbra la luna su vestido 
Sobre las ramas donde el tordo sueña? 

Abajo, la planicie! arriba, el cielo! 
Abajo los verjeles de esmeralda, 

El florido mantel que aroma el suelo 

Y tapiza las curvas de la falda 1 

Arriba, de los astros la corona! 

A tus piés, de los montes la laguna ! 

Y en torno, los picachos que amontona 
La sierra plateada por la lunal 

|Del Carapé las rudas asperezas, 
Donde tejen sus arcos de colores 
Dos arroyos, que cantan sus tristezas 

Y que visten sus márgenes de flores! 

¡De Pan de Azúcar la cervid alzada 

Y del viejo Yerbal la frente oscura, 
Mole de frío mármol levantada 
Sobre ondulante golfo de verdura! 



VERSOS 


89 


¡Las urnas del Cuareim, donde hervidora 
La corriente fugaz saltando brama, 

Con sus iris las márgenes colora 
Y en fecundantes cintas se derramal 

¡El sepulcro de pórfido en que ondean 
Cien arroyos de límpidos cristales, 

Cuyas aguas susurran y verdean 
Bajo criptas con arcos de zarzales!... 

* 


Cuando me acuerdo del agreste nido 
Que el gavilán formó sobre la roca, 

De la ciudad el discordante ruido 
Me fatiga, me aturde, me sofoca. 

Allí, desde las cumbres escarpadas 
Que doman la bravura del pampero, 

Se ven nuestras soberbias muy mermadas 

Y muy grandes los brazos del Crucero. 

Es más radiante el despertar del día, 
Más azul el espacio sin riberas, 

Y las visiones de la noche fría 

Más pálidas, más tristes, más austeras. 



90 


CARLOS ROXLO 


Y se vé al ave de plomizas galas, 
Que cruza el eter con sesgado vuelo, 
I Sintiendo no tener sus grandes alas 
Para subir desde la cumbre al cielo! 



$N ¿& ^mwvo 


( AI Dr. Evaristo G. Ciganda. ) 


Las españolas legiones, 

Como culebras de hierro, 

Ván asaltando del Cerro 
Los breñosos escalones; 

Se oye rodar de cañones 
Por las curvas de la falda, 

Y en las cuestas de esmeralda 
Relumbra el nádente sol, 
Tiñendo con su arrebol 

La bandera roja y gualda. 

De la cumbre, entonces, brota 
Largo alarido de guerra, 

Con que estremece la tierra 
El ejército patriota; 

Y en indescriptible nota, 



92 


CÁRLOS ROXLO 


Que trueca la sangre en rayo, 
Rompe el clarín uruguayo 
Al ver que ondula altanera 
Una española bandera 
En los jardines de Mayo. 

Después comienza el estruendo 
De la homérica batalla 

Y retumba la metralla 
Con su alarido tremendo; 

Vá nuestras filas rompiendo 
El hálito del cañón, 

Y á la cima del peñón 
Se avalanza con arrojo 
El trapo amarillo y rojo 
En que alardea el león. 

Fiel á su bizarra historia, 
Donde es el triunfo costumbre. 
Llega de un vuelo á la cumbre 
Aquel gavilán de gloria; 

Un segundo la victoria 
Con su laurel lo engalana, 

Y la luz de la mañana 
Siente el rubor de la afrenta 
Poniéndose más sangrienta 
Que el estandarte de grana. 



VERSOS 


93 


A la bandera que flota 
De nuestro sol al destello, 

Con un toque de degüello 
Responde el clarín patriota ; 

Se detiene la derrota 
De espantado asombro llena, 
De nuevo el obús resuena 

Y arrastra nuestra legión 
Por los breñales al león 
Asido de la melena. 

Vigodet, ardiendo en saña, 
Manda los tercios de Loaces 
A reconquistar audaces 
Aquel trozo de montaña ; 
Cumplen los tercios la hazaña 
Con heroica bizarría 

Y asciende, serpeante y fría, 

La oleada de bayonetas 
Por las pendientes escuetas 
De la cúspide bravia. 

En el árido crestón, 

Que alumbra el naciente brillo, 
Se hace guerra de cuchillo 
Entre salvas de cañón; 



94 


CARLOS ROXLO 


Y en aquella confusión, 

Bajo el salitre que vuela, 

Sobre la rojiza estela 
Que dibuja el proyectil. 

Se alza atlético y viril 
Nuestro capitán Videla. 

De la contienda reñida 
En el espacio más rudo, 

Muestra su pecho desnudo 
El boquete de una herida; 

Huye á raudales la vida 
Por los labios entreabiertos, 

Y el jaguar de los desiertos 
Rueda al fin estremecido, 

De tiradores circuido, 

Sobre una alfombra de muertos. 

Cien adversarios rodean 
Al mejor de nuestra grey, 

Y el grito de — ¡viva el rey! — 
Los tiradores vocean; 

Del capitán centellean 
Los ojos con ansia loca, 

Recorre un temblor su boca, 

Sus yertos labios se agitan, 



VERSOS 


95 


Y — ¡viva la patria! — gritan 
Cuando la muerte los toca. 

Y aquel grito funeral, 
Aquel noble y santo grito, 
Que resonó en el Cerrito 
Como una diana triunfal, 
Sobre la bandera real 
Se dilata y ruje y flota, 

Las fauces del león azota 
Con encono despiadado, 

Y lo tiende ensangrentado 
A los piés de la derrota! . 




ANDRO MaOARJÑOS CeRVAHTRS 


(A sus ) 'lijos ) 

Duerma en el seno de la madre altiva 
El que á la madre con el arpa honró! 
Entrelazad la verde siempreviva 
Al gajo de laurel que conquistó! 

Colgad el arpa de bruñido acero 
En la flexible cripta del palmar; 

Que la encuentren las rachas del pampero, 
Su soplo inspirador, menos ligero 
Que el pangaré gallardo de Celiar! 

Que la estrella del Sur cincunde y dore 
El arpa con su nítido fulgor, 

Cuando el zorzal entre los guindos llore 

Y se despierte el puma concolor! 

Cuando se amustie el día en los juncales, 

Y en la carda se encierre el colibrí, 



CÁRLOS ROXLO 


97 


Y acaricien las brisas estivales 

El purpúreo florón ^de los ceibales 
Donde se cimbra el viejo camuatí! 

La ruda lira de bruñido acero 
Bien en los patrios montes estará, 

Entre las verdes cintas del romero 
Que ronda zumbador el mamangá! 

La cercarán de espléndida armonía 
Los genios del arroyo y del ombú; 

Y á besarla saldrán, cuando huya el día, 
Con sus amores virginales, Lía, 

Con su salvaje amor, Caramurú! 

Allí su templo está; de sus canciones 
La selva el numen y el encanto fué, 
Donde el charrúa se esparció en malones 

Y en las ondas verdea el yacaré! 

Colgad el arpa de los dioses lares 
Donde su copa agita el urunday; 

Allí, donde entre esencias y cantares, 
Bajo un toldo de ceibos y palmares, 
Nuestras costas fecunda el Uruguay! 

Duerma en el seno de la madre altiva 
El que á la madre con el arpa honró! 



98 


VERSOS 


Entrelazad la verde siempreviva 
Al gajo de laurel que conquistó ! 

Duerma, patria, velado por tu gloria 
Quien solo tuvo rimas para tí ; 

El noble bardo de tu vieja historia 
Que guardaba vibrante en su memoria 
El himno triunfador de Sarandí ! 

El rebelde compás de las canciones 
En que los viejos tiempos nos pintó, 

Con ruido de cureñas de cañones' 

Y relucir de lanzas se nutrió! 

Tuvo su numen la beldad severa 
Con que se viste de la noche el tid, 

Y la cívica fé guardando entera, 

Siempre vieron sus ojos tu bandera 

Como un fragmento del espacio azul! 

• 

La' contemplaron sus amantes ojos 
Siempre teñida en cándido arrebol, 
Puesto el altivo corazón de hinojos 
Ante la imajen tutelar del sol! 

El sorprendió los juegos de la indiada 
En las tranquilas tardes del aduar, 

Y la súplica, dulce y delicada, 



(ARLOS ROXLO 


De la viTíucla, por la novia orlada 
Con un ramito de silvestre azahar! 

Las auras de la ría le dijeron, 

Al mover los cinlajos del ombú, 

En qué paraje de la costa hicieron 
Su nidadgt las hembras del ñandú! 

Él supo oir con ^religioso espanto 
Los nocturnos alertas del chajá, 

Y perfumar' las notas de su cañtó 

En las flores que oscilan en el manto 
Del siempre trepador burucijyá! 

Él nos contó los lances de la yerra, 

Las hazañas del lazo y de la res, 

Y amante de las cosas de- su tierra, 
Trébol # y espigas emparvó á sus piés! 

Muda y sip cuerdas ya su arpa de acero, 
Tranquilo el trovador puede' dormir; 

Lo vela el alma de su pueblo entero 

Y las liras jigantes del pampero 
Sus estrofas dirán al porvenir! 



L,a guitarra 


(Al Dr. Alberto Palomcque ) 


En el arte musical 
Ningún instrumento alcanza 
Las vibraciones que lanza 
La guitarra nacional; 

Rompe en notas de cristal 
Que estremecen el oído, 

Y con tan dulce sonido 
Canta frases de pasión, 

Que repiten su tañido 
Las fibras del corazón. 

Simboliza en paz y en guerra 
Con sus rítmicos primores, 

Los placeres; los dolores, 

Y las glorias de mi tierra; 

Todo en su canto se encierra. 



101 


CARLOS ROXLO 

Todo en su arrullo palpita, 
Desde la estrofa bendita 
Del himno libertador, 

Hasta el beso de la cita 
Bajo el algarrobo en flor. 

Yá se cimbra lastimero 
Su acorde, triste y sin fin, 
Como el tallo del jazmín 
En las puestas de febrero; 
Yá es arroyo que lijero 
Entre guijas corre y salta, 
Con su encaje las esmalta 
Y enseña música al nido 
En la palmera mas alta 
Por dos zorzales tejido. 

Yá resuena sa canción 
Suspirante y sin aliño, 
Como copla de cariño 
Lanzada en el pericón ; 

Ya precipita su són 
En rapidísima escala 
Que serpenteando resbala 
Con hechizo singular, 

Lo mismo que la luz mala 
En el ombú secular. 



102 


VERSOS 


I Con cuánta ternura suena, 

Si llora amantes enojos, 

Bajo el brillo de les ojos 
De una linda faz morena ; 

Y cómo, de orgullo llena, 

Si en nuestra historia se inspira, 
Tiene arrebatos de lira 

Y arranques de himno triunfal, 
Que en brusco crescendo gira 
Por las cuerdas de metal! 

¡Con qué audaces vibraciones 
Su cinta de arpejios lanza, 
Cuando al compás de la danza 
Se mueven los corazones; 

Y qué tristes sus canciones 
Le parecen al oído, 

Cuando el ave vuelve al nido 
Arrullada por la nota 

Que como un rezo perdido 
Sobre nuestros campos flota! 

¡ Y qué no acierta á decir, 
Bajo el nocturno crespón, 

A las plantas del balcón 
Que no se quiere entreabrir! 



GARLOS ROXLO 


103 


¡ Malhaya la que al sentir 
De sus caricias la queja, 

Blancos cendales no deja 
Para escuchar con afán 
Lo que suspira en su reja 
La guitarra de un galán ! 

No hay en el mundo armonía 
Que yo á la suya prefiera ; 

Nadie cambia de bandera 

Y la guitarra es la mía; 

Si amorosa desvaría 

Es calandria entre romero, 

Y si reta al extranjero 
Tiene su rudo lenguaje, 

Del charrúa y del matrero 
La independencia salvaje ! 

¡Cuenten otros los primores 
De la música italiana 

Y la armonía alemana 
De wagnerianos rumores; 

Yo nacido entre las flores 
Del Uruguay placentero, 

Amo las cuerdas de acero 
Que me enseñan á cantar 



104 


VERSOS 


Y en que hace nido el boyero 
De la musa popular! 

I Ninguna pinta mejor 
Las costumbres de mi tierra, 

Las hazañas de la guerra 

Y Ips lances del amor; 

Cuando su dulce rumor 
Se alza rítmico y sereno, 

Surge el semblante moreno 
De la mujer anhelada 
Reclinando en nuestro seno 
La cabecita adorada! 

1 Y si peligra el altar 
De las grandes afecciones, 

Si el himno de los cañones 
Truena en barranca y palmar, 
Su patriótico cantar, 

Con denuedo y sin desmayo, 
Nos recuerda el limpio rayo, 

El sol que brilla fecundo 
En las banderas de Mayo, 
Libertadoras de un mundo! 

¡Voz de las cuerdas de acero 
Que en mi corazón resbalas, 



CARLOS ROXLO 


105 


Como el roce de unas alas 
En los juncos del estero, 
Sólo pido y sólo quiero, 
Para endulzar mi agonía, 
Que cuando la parca fría 
Llegue á mi lecho mortal, 
Me circunde de armonía 
La guitarra nacional ! 

Buenos Aires, Marzo. 1893 


FJN